LA REVOLUCIÓN SILENCIOSA DE LOS LABORATORIOS ARGENTINOS: CIENCIA, AHORRO Y ACCESO CRECIENTE

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En los últimos años, un cambio profundo —y poco ruidoso— ha comenzado a transformar la forma en que la Argentina accede a tratamientos médicos de alta complejidad. Mientras gran parte del sistema de salud global continúa dependiendo de costosas importaciones, en el país la red de laboratorios farmacéuticos nacionales ha logrado algo clave: fabricar localmente medicamentos biotecnológicos que antes solo podían obtenerse en el exterior.

El resultado no es menor. De acuerdo con un reciente informe de la Cámara Industrial de Laboratorios Farmacéuticos Argentinos (CILFA), dado a conocer por Infobae, la producción local de biosimilares —versiones de alta precisión de medicamentos biológicos— ya representa un ahorro anual de 1.700 millones de dólares para el sistema de salud argentino. Y ese número podría seguir creciendo.

Ciencia hecha en casa, impacto real

Lo que hasta hace una década parecía terreno exclusivo de gigantes farmacéuticos internacionales, hoy se está desarrollando en laboratorios nacionales con capacidad científica, tecnológica y regulatoria. El fenómeno es doblemente beneficioso: reduce los precios gracias a la competencia y, al mismo tiempo, fortalece la independencia sanitaria del país.

Entre los medicamentos más representativos de este avance se encuentran tratamientos como el rituximab y el bevacizumab —utilizados para diversos tipos de cáncer—, la semaglutida para la diabetes tipo 2, y otros como el pembrolizumab, enzalutamida o nusinersen, destinados a enfermedades oncológicas, neurológicas y autoinmunes.

Estos productos no solo son complejos de fabricar, sino que también tienen un enorme impacto presupuestario en el sistema de salud. Gracias a su desarrollo local, el país no solo evita pagar precios inflados por monopolios internacionales, sino que también amplía el acceso para miles de pacientes que antes veían esos tratamientos como inalcanzables.

Ahorros que ya se cuentan en miles de millones

Desde que comenzó este proceso de sustitución, el Estado, las obras sociales, las prepagas y los hospitales públicos han logrado evitar más de 10.000 millones de dólares en gastos. Y si la tendencia continúa —como todo indica— esa cifra podría duplicarse en los próximos cinco años.

El caso del rituximab es ilustrativo: solo ese medicamento generó más de 2.100 millones de dólares en ahorros en menos de una década. El bevacizumab no se queda atrás, con más de 6.000 millones ya contabilizados. Incluso medicamentos más recientes, como la semaglutida, en apenas once meses en el mercado, ya evitaron la salida de 193 millones de dólares, y se estima que esa cifra superará los 1.200 millones en los próximos cinco años.

Producir en casa también fortalece la economía

Además del beneficio directo sobre el sistema de salud, la producción local reduce la dependencia del país respecto a la importación de insumos estratégicos. Según el mismo estudio de CILFA, fabricar biosimilares en Argentina evita la salida de más de 600 millones de dólares anuales en divisas. Y si la tendencia continúa, ese número podría acercarse a los 900 millones por año hacia el final de la década.

En términos acumulados, ya se han ahorrado más de 3.200 millones de dólares en importaciones evitadas, lo cual no solo alivia la balanza comercial, sino que también protege al sistema sanitario de los vaivenes del mercado internacional.

Una industria con peso propio

Detrás de estos logros hay una estructura robusta: 354 laboratorios en todo el país, con 234 plantas industriales —la mayoría de capital nacional— que emplean de forma directa a más de 43.000 personas. A eso se suman más de 120.000 empleos indirectos en toda la cadena de valor.

Además, el sector no solo produce para abastecer al mercado interno. En 2024, las exportaciones farmacéuticas argentinas alcanzaron los 1.100 millones de dólares, de los cuales 139 millones correspondieron a biosimilares. Esos medicamentos ya llegan a 116 destinos internacionales, consolidando al país como un actor relevante en el escenario biotecnológico regional.

Más que ahorro: autonomía sanitaria

La posibilidad de producir medicamentos complejos en suelo argentino es, en definitiva, mucho más que un ahorro económico. Es una apuesta estratégica por la soberanía sanitaria, por la capacidad de decidir sobre el acceso a la salud sin depender de factores externos, y por el fortalecimiento de una industria que combina ciencia, innovación y desarrollo con impacto directo en la vida cotidiana de millones de personas.

En un contexto global donde la equidad en salud sigue siendo un desafío, la industria farmacéutica nacional demuestra que es posible competir con calidad, bajar costos y, sobre todo, ampliar derechos. Todo, desde acá.