MEDICAMENTOS MÁS BARATOS EN EE.UU.: EL GIRO HISTÓRICO QUE SACUDE A LAS FARMACÉUTICAS INTERNACIONALES

El mercado de la salud en Estados Unidos acaba de entrar en una etapa inédita. La administración de Donald Trump logró que algunas de las mayores compañías del mundo acepten reducir de forma significativa el precio de sus medicamentos, en un intento por cerrar la brecha con otros países desarrollados.

El eje del acuerdo es contundente: aplicar el principio de “nación más favorecida”, lo que obliga a las empresas a ofrecer precios similares a los más bajos del mundo. A cambio, el gobierno otorgó beneficios como la suspensión temporal de aranceles a la importación de fármacos y la apertura de un nuevo canal de venta directa al público a través de trumprx.gov.

Precios que caen y un negocio que se redefine

El impacto ya se siente en medicamentos clave, especialmente en tratamientos de alta demanda como obesidad y diabetes.

La danesa Novo Nordisk aceptó recortes drásticos:

  • • Ozempic: de más de U$S 1.000 a U$S 350 mensuales
  • • Wegovy: de U$S 1.350 a U$S 350
  • • Insulinas como NovoLog y Tresiba: U$S 35 al mes

En paralelo, Eli Lilly fijó límites mucho más bajos:

  • • Tratamientos como Zepbound: desde U$S 50 para ciertos pacientes
  • • Nuevas versiones de venta directa: desde U$S 149

También se sumaron gigantes como Pfizer y AstraZeneca, con rebajas que en algunos casos llegan hasta el 80%, especialmente en medicamentos de uso masivo.

Algunas empresas fueron más allá de los recortes. Bristol Myers Squibb anunció la entrega gratuita de su anticoagulante a pacientes de programas estatales, mientras que Gilead Sciences reducirá precios en tratamientos críticos como VIH y hepatitis.

Además, varias compañías se comprometieron a que los futuros lanzamientos en EE.UU. mantendrán precios alineados con los mercados internacionales, algo poco habitual hasta ahora.

Detrás de este giro hay una fuerte advertencia política. El gobierno de Donald Trump impuso la amenaza de aranceles de hasta 100% para los medicamentos patentados que no se ajusten a las nuevas condiciones.

Las compañías tienen entre 120 y 180 días para adaptarse: reducir precios o trasladar producción a suelo estadounidense. Algunas regiones como la Unión Europea, Japón o Corea del Sur cuentan con condiciones más flexibles, mientras que otros países negocian excepciones específicas.

Un alivio para pacientes, una incógnita para la innovación

El objetivo es claro: bajar el costo de los tratamientos en el país más caro del mundo en materia de medicamentos. Para millones de pacientes, esto representa un alivio inmediato.Pero hacia adelante surgen dudas:
¿Podrán las farmacéuticas sostener el nivel de inversión en investigación con márgenes más bajos? ¿Cambiará el liderazgo global de Estados Unidos en innovación?

El contraste con Argentina es evidente. La posibilidad de acuerdos similares enfrenta obstáculos estructurales: un sistema fragmentado, falta de coordinación entre financiadores y escasa previsibilidad económica.

Sin un esquema que concentre el poder de compra y garantice reglas estables, cualquier intento de negociación de precios tiende a diluirse con el tiempo. Aunque cabe destacar que los laboratorios nacionales mantuvieron sus precios por debajo de la inflación, aun cuando no ocurrió lo mismo en otros rubros.

Si a esto se le suma un sistema de salud local que integra financiadores como PAMI y las demás obras sociales, prepagas y hospitales públicos y dispensarios, que en muchos casos contemplan la gratuidad de los remedios, el acceso a los medicamentos y a la salud en general resulta, en muchas áreas más favorable en la Argentina que en Estados Unidos.

Lo que está ocurriendo en Estados Unidos sin embargo, no es solo una baja de precios: es un rediseño del negocio farmacéutico a escala global. Con menos intermediarios, más presión estatal y precios más bajos, la industria enfrenta a nivel internacional, un cambio profundo cuyo impacto todavía está empezando a medirse.