UNA VACUNA PERSONALIZADA CONTRA EL MELANOMA REDUCE UN 42% EL RIESGO DE RECAÍDA Y SACUDE LAS EXPECTATIVAS DE MERCK Y MODERNA

Un ensayo clínico de fase III realizado en 1.137 pacientes mostró que combinar una vacuna de ARN mensajero con inmunoterapia mejora los resultados tras la cirugía. Aunque los datos refuerzan el potencial de esta estrategia, todavía no permiten determinar si prolonga la supervivencia. En paralelo, las acciones de las dos farmacéuticas sufrieron fuertes caídas ante la difusión anticipada de los resultados.

La posibilidad de evitar que un cáncer reaparezca después de una operación es una de las grandes apuestas de la oncología. También es una oportunidad económica para las compañías que desarrollan tratamientos capaces de cambiar el curso de la enfermedad. La vacuna personalizada contra el melanoma en la que trabajan Merck y Moderna se encuentra precisamente en ese cruce: los resultados clínicos alimentan las esperanzas de los pacientes, mientras los mercados intentan determinar cuánto vale realmente esa promesa.

El sábado, más de 7.000 personas reunidas en Madrid para el congreso de la Sociedad Europea de Oncología Médica (ESMO) aguardaban los resultados detallados del ensayo INTerpath-001, uno de los anuncios más esperados de la reunión. La presentación estuvo a cargo de Georgina Long, directora médica del Melanoma Institute Australia y responsable de Oncología Médica e Investigación Traslacional en la Universidad de Sídney.

La investigación estudió una combinación de intismeran autogene, una vacuna personalizada de ARN mensajero, y pembrolizumab, un anticuerpo utilizado en inmunoterapia. En agosto, Merck y Moderna habían adelantado que el ensayo de fase III había alcanzado resultados positivos, con reducciones significativas y clínicamente relevantes en la recurrencia del tumor. El anuncio impulsó las expectativas sobre una nueva generación de tratamientos contra el cáncer y contribuyó a elevar el valor bursátil de ambas compañías.

Los datos completos confirmaron el beneficio, aunque también precisaron sus alcances. En un estudio con 1.137 pacientes con melanoma cutáneo de alto riesgo, cuyos tumores habían sido extirpados por completo mediante cirugía, la combinación redujo un 42% el riesgo de recaída o muerte respecto del tratamiento con pembrolizumab solo.

A los dos años, el 82,2% de los pacientes que recibieron ambos tratamientos seguía libre de recurrencia, frente al 70% de quienes recibieron únicamente el anticuerpo. La diferencia representa una mejora relevante para pacientes que, aun después de una operación exitosa, conservan el riesgo de que la enfermedad reaparezca.

Sin embargo, el resultado no responde todavía una de las preguntas centrales: cuánto tiempo de vida adicional podría proporcionar el tratamiento. Según explicó Long durante la presentación, los datos de supervivencia global aún no son maduros y el ensayo continúa. Por eso, aunque la combinación reduce la probabilidad de que la enfermedad regrese, todavía no se puede afirmar que prolongue la vida de los pacientes.

El estudio también mostró una reducción del 38% en el riesgo de desarrollar metástasis a distancia o morir. A los dos años, el 88,5% de quienes recibieron la combinación no había desarrollado metástasis a distancia, frente al 80,2% del grupo tratado solamente con pembrolizumab. Este indicador es especialmente importante porque la propagación del melanoma a otros órganos puede empeorar el pronóstico.

La distancia entre los resultados médicos y las expectativas bursátiles

Mientras los investigadores analizaban las implicaciones clínicas del estudio, las dos compañías afrontaban una reacción adversa en los mercados. El jueves, la filtración de los resultados que iban a presentarse en ESMO desencadenó fuertes caídas en sus acciones.

Moderna llegó a perder un 26% en una sola jornada, mientras que Merck retrocedió un 3,9%. En el caso de Moderna, la caída eliminó unos 24.000 millones de dólares de capitalización bursátil y frenó una suba de más del 500% acumulada por sus acciones en lo que iba del año.

El movimiento refleja una diferencia fundamental entre la evaluación médica de un tratamiento y su valoración financiera. Un ensayo positivo puede confirmar que una terapia ofrece un beneficio clínico, pero no garantiza que su futuro comercial alcance las expectativas incorporadas al precio de las acciones.

Para los inversores, la vacuna personalizada representa una posible nueva fuente de ingresos y una oportunidad de ampliar el negocio de la inmunoterapia. Su valor comercial, sin embargo, dependerá de cuestiones que los resultados actuales no resuelven por completo, entre ellas la duración del beneficio, su impacto sobre la supervivencia y su eventual aplicación a otros tipos de cáncer.

En declaraciones recogidas por Reuters, Michael Yee, analista de UBS, calificó los resultados sobre supervivencia libre de recaída como «datos sólidos». También atribuyó parte de la reacción bursátil a la estrategia conocida como vender con la noticia: los inversores compran ante expectativas favorables y venden cuando se conocen los datos concretos, especialmente si las previsiones anteriores eran muy elevadas.

La comparación con una etapa anterior de la investigación ayuda a entender el contexto. En un análisis previo, realizado con menos pacientes y un seguimiento diferente, se había observado una reducción del 49% en el riesgo de recaída o muerte y del 59% en el riesgo de metástasis a distancia o muerte. Los porcentajes del ensayo actual son menores, pero las diferencias entre las poblaciones estudiadas y los períodos de seguimiento impiden comparar directamente ambos resultados.

La conclusión financiera, por lo tanto, no puede deducirse solamente de la magnitud del beneficio clínico. Para las empresas, el desafío consiste en transformar una tecnología prometedora en un tratamiento cuyo valor terapéutico y comercial pueda sostenerse con evidencia adicional.

Cómo funciona una vacuna diseñada para cada tumor

El interés científico por INTerpath-001 va más allá de sus resultados numéricos. El ensayo aporta evidencia de fase III —una etapa avanzada del desarrollo clínico— sobre una estrategia que busca utilizar las características particulares de cada tumor para orientar la respuesta inmunitaria del paciente.

El procedimiento comienza con el análisis de una muestra del cáncer extirpado mediante cirugía. Los investigadores identifican mutaciones que generan proteínas anómalas, conocidas como neoantígenos, que pueden distinguir a las células tumorales de las sanas.

A partir de esa información se diseña una vacuna individualizada de ARN mensajero (ARNm o mRNA). El producto contiene instrucciones para que las células del paciente fabriquen hasta 34 neoantígenos seleccionados. Una vez administrada la vacuna, esas proteínas pueden ser reconocidas y presentadas al sistema inmunitario, que aprende a identificar las características del tumor y puede atacar las células cancerosas que las expresen si la enfermedad reaparece.

La combinación con pembrolizumab busca potenciar ese proceso mediante un mecanismo diferente. El anticuerpo bloquea PD-1, una proteína que funciona como freno de determinadas respuestas de los linfocitos T, células del sistema inmunitario capaces de atacar al cáncer.

En términos sencillos, la vacuna intenta orientar las defensas hacia las características específicas del tumor, mientras que el pembrolizumab busca impedir que se inhiba esa respuesta. Ambos tratamientos actúan por vías complementarias.

Aunque se la denomine vacuna contra el cáncer, intismeran autogene no es una vacuna preventiva de uso general. Es una terapia personalizada destinada a pacientes cuyo tumor ya apareció y fue extirpado. Su diseño depende de las alteraciones identificadas en cada cáncer, por lo que no se fabrica como un producto idéntico destinado a toda la población.

Existen, por otra parte, vacunas que previenen infecciones capaces de provocar ciertos tumores. Es el caso de las vacunas contra el virus del papiloma humano y la hepatitis B. La estrategia investigada por Merck y Moderna es diferente: busca reducir el riesgo de que un cáncer ya diagnosticado y operado vuelva a manifestarse.

Qué demuestra el ensayo y qué queda por saber

INTerpath-001 se centró en pacientes con melanoma cutáneo de alto riesgo, en estadios IIB a IV, cuyos tumores habían sido completamente resecados. En este contexto, conocido como tratamiento adyuvante, la combinación se administra después de la cirugía con el objetivo de reducir la probabilidad de recurrencia.

Esta distinción es esencial para interpretar los resultados. El estudio no demuestra que la vacuna sea eficaz para tratar tumores que continúan creciendo ni metástasis que no pueden extirparse. Tampoco permite concluir que beneficiará a todas las personas con melanoma o que sustituirá los tratamientos existentes.

Lo que sí aporta es evidencia clínica más amplia y robusta de que la combinación puede reducir el riesgo de recaída y de propagación a distancia en la población estudiada. Para establecer el alcance total del beneficio será necesario conocer los resultados del seguimiento a más largo plazo, especialmente los relacionados con la supervivencia global.

La posibilidad de trasladar la tecnología a otros tumores es otra de las razones que explican la atención que despierta el ensayo. Merck y Moderna investigan esta estrategia en otros tipos de cáncer, incluidos los de pulmón, vejiga y riñón. Sin embargo, el resultado obtenido en melanoma no permite anticipar que los ensayos en esas enfermedades tendrán el mismo desenlace.

Cada tumor presenta un conjunto particular de mutaciones y puede desarrollar mecanismos diferentes para escapar del sistema inmunitario. Por eso, una estrategia eficaz en un tipo de cáncer no necesariamente producirá los mismos resultados en otro.

Aun con esas limitaciones, algunos referentes de la investigación consideran que los datos marcan un avance importante para el campo de la inmunoterapia. Karen Knudsen, directora ejecutiva del Parker Institute, institución que contribuye a financiar investigaciones en inmunoterapia contra el cáncer, describió el momento como «una nueva frontera».

Por su parte, Michael Atkins, subdirector del Centro Oncológico Integral Lombardi de la Universidad de Georgetown, sostuvo que se trata de «un gran avance para la ciencia y la oncología», y destacó la posibilidad de que esta clase de vacunas se investigue en distintos tipos de tumores. Esa expectativa, no obstante, deberá confirmarse mediante estudios específicos para cada enfermedad.

Más de un siglo de investigación detrás de una nueva estrategia 

El desarrollo de vacunas personalizadas contra el cáncer es el resultado de décadas de investigación sobre el funcionamiento de los tumores, las defensas del organismo y las tecnologías capaces de intervenir en ambos procesos.

Durante la presentación, Long recordó ese recorrido y planteó una pregunta que resume la importancia del momento: "¿Cómo llegamos aquí hoy, en 2026, para ver por primera vez el éxito en una terapia individualizada?".

Su respuesta remitió a «más de 100 años de descubrimiento y trabajo en la biología del cáncer, la inmunología del cáncer y el desarrollo de tecnologías innovadoras».

El ensayo INTerpath-001 representa un paso importante en ese camino: demuestra que una vacuna personalizada combinada con inmunoterapia puede mejorar determinados resultados clínicos en pacientes con melanoma de alto riesgo después de la cirugía. Pero todavía quedan preguntas relevantes sobre la duración del beneficio, su efecto en la supervivencia y la posibilidad de aplicarlo a otras enfermedades.

Las respuestas tendrán consecuencias tanto para los pacientes como para las compañías que financian y desarrollan la tecnología. Para Merck y Moderna, ayudarán a determinar el potencial comercial de una nueva clase de tratamientos. Para quienes fueron operados de un melanoma, la cuestión tiene otra dimensión: reducir el riesgo de que el cáncer regrese puede cambiar el horizonte después de una cirugía.

Por ahora, la evidencia permite afirmar que la combinación disminuye las probabilidades de recaída y metástasis en la población estudiada. Cuánto tiempo adicional de vida puede aportar, y si ese beneficio se mantendrá a largo plazo, sigue siendo una pregunta abierta.

 

Fuente: El País.