¿POR QUE SON TAN CAROS LOS MEDICAMENTOS DE ALTO COSTO ?

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Expertos en economía y en sistemas de salud debatieron sobre medicamentos de alto costo. Hubo críticas a las patentes y a los monopolios. También pidieron que el gobierno apoye a la industria farmacéutica en su conjunto y no solo a “consorcios amigos”. Afloraron algunas referencias irónicas sobre “La Cámpora”.  El salvataje pueden ser los biosimilares, pero mientras tanto el gasto en salud crece y se multiplica. Y no aparece un mecanismo de “contención”.

¿Cuando cuesta un fármaco?”, se preguntó Alejandro Ventura Simonovich, coordinador del Departamento de Investigación Clínica  del hospital Italiano, durante su exposición en el seminario organizado por la Fundación IMSSET y la Facultad de Medicina.

En su presentación, el profesional aclaró que hace “diez años no recibo a un visitador médico”, tampoco percibe honorarios por sus disertaciones ni acepta viajes pagos a congresos médicos en el exterior. 
Ventura Simonovich, citando informes de la consultora IMS de 2013, calculó que desarrollar un medicamento biotecnológico cuesta alrededor de 1.500 millones de dólares. Sin embargo el Racotumumab desarrollado en Argentina costó 6.7 millones de pesos “y si es muy difícil saber con qué dólar hacer la conversión, igual es más barato”. También calculó que la vacuna terapéutica contra el melanoma cuesta de 2 a 3 millones de dólares.

En cambio, las estimaciones de la industria sobre el desarrollo de nuevos fármacos oscilan de 2.500  a 3.800 millones de dólares.

El profesional del Hospital Italiano brindó un ejemplo de “fracaso” de la industria farmacéutica. Glaxo no pudo avanzar en el desarrollo de una vacuna contra la malaria, pero no importó porque los ensayos lo pagó la fundación de Bill y Melinda Gates.

Ventura Simonovich mencionó un estudio de AstraZeneca que admitió que “no se termina de encontrar el conocimiento eficaz de la enfermedad en las fases I y II”. Por ejemplo en el Alzheimer, la mayoría de los ensayos han fracasado.

Precisamente, la UE acaba de anunciar que financiará con 100 millones de euros ensayos de medicamentos para el Alzheimer. 

Parte del fracaso se origina en que “muchos laboratorios  comienzan a buscar un medicamento por su potencia comercial, sin conocer la enfermedad”, agregó.

“Las farmacéuticas deben ir a lo que es seguro porque deben responder a sus accionistas”, advirtió. Entonces, afrontan un dilema: “si no soy capaz de producir medicamentos eficaces como voy a sobrevivir?. Una posibilidad son fusiones. Pero hay un límite y está por llegar”, afirmó.

Una de las alternativas que evaluó Ventura Simonovich es el modelo adoptado por  Joseph  jimenez –CEO de Novartis - que avanzó en un  acuerdo con Universidad de Pennsylvania para ensayos de medicamentos contra la leucemia.

“Pequeños proyectos tienen más posibilidades de éxito que los megaproyectos”, pronosticó.

Simonovich sostuvo que la accesibilidad del medicamento debe ser garantizada por los Estados cuando financian los ensayos y “también deben revisar la financiación y las formas de aprobación de los nuevos fármacos a cambio de que garanticen la accesibilidad, porque el 60 por ciento del costo del medicamento lo termina pagando el Estado” a través del PAMI y la seguridad social.

Por eso también propuso una “aprobación transitoria” de un nuevo medicamento hasta que se tenga información “del mundo real del fármaco” sobre su eficacia y seguridad.

“Parte del problema somos los médicos que con una birome podemos arruinar un sistema de salud”,  reconoció. “Tenemos que creer que los genéricos aprobados son realmente eficientes”, pidió.

Simonovich también recordó que cuando participaba de una comisión creada en la Ciudad de Buenos Aires para la adquisición de medicamentos,  los anestesistas de los hospitales públicos se negaron a utilizar un medicamento nacional y exigieron el original de Glaxo. Mientras tanto, el ministerio de Salud de la Ciudad de Buenos Aires había gastado millones de pesos en el medicamento nacional que era mas barato. “A los anestesistas se le ofreció un ensayo comparativo entre uno y otro. Tampoco aceptaron”, lamentó.

Carlos Vasallo, coordinador Programas Académicos de la Universidad de Bologna en Argentina,  pidió que “el Estado debe involucrarse no sólo en consorcios con amigos sino con toda la industria” en el financiamiento de la investigación y desarrollo de nuevos fármacos, porque Argentina tiene “una de las pocas industrias farmacéuticas de América Latina con capacidad de exportación y  el  Estado debe ayudar”.

Vasallo también cuestionó el “abuso” de mercado comparando que “en Inglaterra hay un solo comprador” mientras que “en Argentina hay fraccionamiento del financiamiento”.

“En argentina hay tres formas de ingresar al mercado: judicialización, incertidumbre y varios financiadores”, cuestionó, remarcando que el modelo del PAMI “es un modelo medicamentodependiente”.

“Un canal más transparente de incorporación de los biotecnológicos podría reducir los costos, porque más transparencia garantiza mejores precios de mercado”, reforzó.

Vasallo comparó que los países desarrollados de la OCDE gastan 487 dólares por habitante en salud. Estados Unidos alcanza a 947 dólares, equivalente al 2,1 por ciento del PBI.  Mientras tanto “Argentina arrastra gran debilidad estadística sobre el gasto en salud” y en consecuencia no hay cifras convincentes. Pero se calcula 347 dólares por habitante.

Latinoamérica representa el 7 por ciento de la facturación mundial de la industria farmacéutica. Estados Unidos el 37 a 38 por ciento, mientras que en UE 24 cayó a 19 por la crisis.

“El problema de los precios no es el más importante pero hay excesos en el uso irracional del medicamento. Tampoco no hay incentivos para que los prestadores impulsen el uso racional y no hay competencia de genéricos porque el médico receta lo que le da confianza”, explicó Vasallo.

El profesional, experto en sistemas de salud, admitió que “la producción de medicamentos implica elevados costos fijos con alto nivel de incertidumbre” y en el caso de Argentina “no se ha aprovechado a fondo la Ley de Patentes”.

Los biológicos rompieron la integración vertical de los laboratorios en las etapas de investigación. Pero los laboratorios siguen siendo “expertos en proceso de comercialización”, aseguró.

El nuevo modelo de desarrollo de investigación farmacéutica está atado a los ciclos económicos. Es así que desarrollar un nuevo fármaco tenía un valor promedio de 391 millones entre 1976 y 1992. Se multiplicó a 1.496 millones entre 1996 a 2003 y a 1.800 millones en 2011.

A su vez la tasa de éxito de la industria farmacéutica es de 21,5 por ciento, explicó Vasallo. O sea alrededor de 1 de cada 4,5  del total.  “Descubrir un medicamento demanda de 12 a 14 años de demora y si la tasa de éxito fuese del 35 por ciento, el costo de investigación se reduciría 30 por ciento, comparó Vasallo.

Federico Tobar, economista de la salud de la UBA, del CIPECC y asesor del Fondo de Población de Naciones Unidas, coincidió que el mercado argentino “está fragmentado y es espurio”.

“No se puede aceptar que un medicamento cueste más caro en Argentina que en España”, enfatizó Tobar quien, polemizando con Vasallo, aseveró que “el único que garantiza la regulación es el Estado, no una ONG sin fines de lucro o una aseguradora privada”.

Sebastián Tobar, de la Fundación Sanatorio Güemes, subrayó que “los genéricos en América Latina y Argentina están subaprovechados” y coincidió con su hermano que “algunos medicamentos se venden más caros en este país que en los países desarrollados”.

La Ciencia y la tecnología no está coordinada en la mayoría de los países latinoamericanos y la consecuencia “es el desarrollo segmentado medicamentos”, aseguró Sebastián Tobar.

Los países BRICS apuntan “a la soberanía farmacéutica” y Unasur “en especial, por el impulso de Ecuador, está buscando medicamentos para enfermedades emergentes”, completó.

Miguel Maito de CILFA fue el único representante de las cámaras industriales. Por lo menos el  único que pidió la palabra para defender la posición de los laboratorios.

Maito aclaró en primer término que en Argentina existe “un mercado de genéricos por marca” y que la información que recibe el consumidor es “básicamente un tema de menor precio”. También aseguró que no hay monopolio porque existe “mucha competencia entre marcas líderes”.

“Hay sólo cinco países en el mundo donde la industria nacional es más fuerte que extranjera” en el mercado doméstico. “Argentina es uno de ellos junto a cuatro industrializados: Estados Unidos, Japón, Suiza y Alemania”, reforzó.

Maito destacó que el Racotumumab es el primer biosimilar fabricado en América Latina y “el mismo grupo trabaja en seis o siete moléculas en desarrollo”. “Hay tres grupos nacionales que ya trabajaban en biotecnología”, destacó.

También recordó que del costo del convenio PAMI, la industria financia el 24 por ciento del precio y los farmacéuticos el 13,5 por ciento.

Ernesto Báscolo, director de la Maestría de Gestión en Sistema y Servicios de Salud de la Universidad Nacional del Rosario, afirmó que “el mercado puede hacer atrocidades” debido a “las condiciones monopólicas y la capacidad de influir sobre los precios”.

Báscolo calculó que el 50 por ciento del gasto en medicamentos es para enfermedades catastróficas, cuando hace una década era del 10 por ciento y “no hay perspectivas de contención de precios futuros”, alertó.

“No hay compras centralizadas que podría ser una forma de contención”, propuso y alertó que “el 70 por ciento del déficit de la balanza comercial del sector salud es por culpa de los precios monopólicos vinculados a patentes”.

El ex ministro de Salud Aldo Neri, al cierre del seminario resumió que el debate había sido sobre “medicalización más mercantilización” y cuestionó que “la cúpula médica tiene dependencia de quienes comercializan medicamentos”.

También pidió rever la Ley de Patentes porque “la legislación existente es de los 90, del ciclo neoliberal”

“¿Quién nos va asesorar sobre biotecnología y protocolos?”, se preguntó Neri, estimando improbable que el gobierno convoque a “un Consejo Asesor de Eminencias”.

Las “eminencias” de Neri sonó como una ironía, luego de los  lamentos y las advertencias escuchadas durante el debate sobre la  inexistencia de agencias reguladoras desde los 70, la desaparición del Instituto Nacional de Farmacología y la escasez de banco de datos.

Neri ironizó también sobre los jóvenes de la Junta Coordinadora Radical de “mis tiempos” al complementar un comentario irónico de un panelista precedente que a modo de interrogante y también con ironía preguntó “¿que pasaría si la agrupación política de moda, La Cámpora, cooptara el sistema de salud?”. Respuestas no hubo, sólo sonrisas y la referencia posterior del ex ministro de Raúl Alfonsín.