PAMI SIGUE PEGANDO DURO

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Sergio Cassinotti, el titular del PAMI, afirmó que los laboratorios argentinos cazaban en un zoológico que, además, se parcelaban. El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, habló de “cartelización”. Duros términos para denostar a un sector industrial que hasta hace pocos años era considerado como un modelo de inversión y desarrollo y que recibía los créditos del Bicentenario para impulsar la investigación en el país.

“Estos muchachos (por los laboratorios) se habían acostumbrado a cazar en un zoológico y encima se repartían la jaula”, señaló Cassinotti en declaraciones a La Nación.  

“Rompimos un modelo de 20 años. Antes negociábamos bonificaciones y ahora fijamos los precios de los medicamentos. Antes no podíamos licitar  porque un convenio lo prohibía. Con las licitaciones se acabó el viejo modelo y tendrán que competir. Ese es el gran cambio”, reforzó el titular del PAMI.

Estilo cuasi patoteril”, fue el análisis de un vocero de los laboratorios nacionales, sobre las declaraciones de Cassinotti que provocaron desagrado y fastidio entre los empresarios del sector. A algunos les habrá arruinado la “tregua” de Semana Santa. Y a otros les habrá recordado a Guillermo Moreno, de quien solían quejarse por sus modales cuando era el secretario de Comercio.

En esos tiempos, por lo menos- añorarán algunos en el actual contexto- había un incentivo para la industria farmacéutica como eran los créditos del Bicentenario, versión abreviada del Programa de Financiamiento Productivo del Bicentenario.

También durante el feriado de Semana Santa, algunos periodistas audiovisuales y columnistas de fin de semana se ocuparon de recordar que la industria farmacéutica fue de las principales aportantes a la campaña presidencial de Mauiricio Macri y que en particular algunos laboratorios hicieron “generosas contribuciones” y hoy no entienden porqué el destrato y sobre todo el escarnio público.

Para el gobierno también parece que existe un zoológico en el que es fácil cazar. Solo laboratorios. Nunca las cerealeras multinacionales del puerto de Rosario, sector mucho más concentrado que los laboratorios. Ni las empresas de alimentos y productos lácteos que se reparten el mercado con los dedos de una mano. Tampoco los supermercados, otro sector  ”cartelizado” si se usara la misma vara.

Pero el zoológico de Cassinotti, los vicejefes de Gabinete, Gustavo Lopetegui y Mario Quintana –de quien los periodistas dominicales insisten en que fue el autor intelectual de la batalla contra  los laboratorios- y el presidente Macri, se cerró también por dentro dejando escasas vías de escape, quizás para no ser tildados de “llorones”.

La condescendencia oficialista de algunos empresarios tampoco ha sido retribuida. Para Cassinotti los culpables de las durísimas negociaciones han sido los laboratorios nacionales de CILFA.

Cooperala hubiera firmado mucho antes, pero no lo hizo porque negoció con CILFA. En cambio, Caeme terminó firmando mucho más rápido porque están acostumbrados a competir”, afirmó Cassinotti a La Nación.

Cassinotti elogió en Argentina una supuesta actitud de las multinacionales que contradice la opinión que tienen de esas mismas multinacionales en el Congreso de Washington y en una decena de estados norteamericanos, que intentan frenar el abuso de precios y acusan a la industria farmacéutica de practicar un feroz lobby.

La repregunta del periodista de La Nación dio píe para otro palazo para los nacionales: “acá no querían competir. Los laboratorios crecieron durante muchos años por este tipo de contratos”, respondió Cassinotti, aunque a continuación trató de suavizar elogiando el esfuerzo que comprometieron en el nuevo convenio.

A esta altura queda en evidencia para el lector que las multinacionales tienen un comportamiento menos corporativo. Que no son tan malas, a diferencia de los nacionales. Esos nacionales que no pueden levantar sus plantas, ni mudarse a China o Malasia y que acompañaron –como escribieron los columnistas dominicales- con generosidad la campaña financiera del macrismo hacia la presidencia.

Cualquier comparación con el cuento del escorpión que tiene que cruzar el rio, sería de mal gusto.

Y también sería inoportuno anticipar lo que se viene, ya que se vislumbra un nuevo escenario de tensiones permanentes. Por eso “tregua” es el término correcto para este remanso “pos-convenio” que tendrá manifestaciones urticantes como anticiparon Cassinotti, el vicejefe de Gabinete Lopetegui y el ministro de Finanzas Nicolás Dujovne.

Dujovne en la mesa de Mirtha Legrand afirmó que “se acabaron las negociaciones con las cámaras porque de esa manera la industria farmacéutica actúa en forma cartelizada. De aquí en adelante las negociaciones son laboratorio por laboratorio”.   

La cartelización de la que habla Dujovne parece remitir a un acuerdo de precios entre un grupo reducido de laboratorios. Sin embargo, cuando un medicamento como Espinraza para la Atrofia muscular espinal ingresa al mercado argentino a un precio de 150 mil dólares el tratamiento no hay cartelización, simplemente porque no hay un competidor nacional.

Y el acuerdo de PAMI tiene un aspecto oculto que son las facilidades que el gobierno seguirá otorgando a las multinacionales a través del INPI, en materia de patentes y vías rápidas para registrar nuevos medicamentos en el país.

La jaula, según parece, ya no alcanza para que cacen nacionales y extranjeros, grandes y chicos….hay algunos cazadores “nativos” que serán eyectados para que cacen sólo las multinacionales, porque un gobierno tan dependiente del financiamiento externo, tiene que ceder a las presiones de las casas matrices y sus embajadores.

Como ocurrió en tiempos del presidente Raúl Alfonsín y Aldo Neri en el Ministerio de Salud, cuando el embajador de Suiza fue a “explicar” como debía ser una política nacional de medicamentos…desde la óptica de las casas matrices en Basilea.   

Ahora parece repetirse la historia…pero en sentido inverso y si el gobierno de Alfonsín potencializó la industria nacional del medicamento- una política de la que el radicalismo se había enorgullecido hasta ahora- la mirada de Cambiemos es aliarse con un sector concentrado y poderoso, que cotiza en las bolsas de Wall Street, Zurich y Francfort.