SOUTH CENTRE PUBLICÓ INVESTIGACIÓN QUE CONFIRMA LOS EFECTOS NEGATIVOS DE LAS PATENTES DE SEGUNDO USO

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Las patentes de segundo uso son admitidas en algunos países “por medio de una ficción legal” y encuentran explicación solo en “razones financieras” pues “estas prácticas tienen un impacto negativo en la competencia de los genéricos y, por lo tanto, en el acceso a los medicamentos y la salud pública, en particular en los países en desarrollo”.

La conclusión sobre las patentes de segundo uso, “perennes”, “siempre verdes” o evergreening surge del estudio Second-Medical-Use-Patents-Legal-Treatment-and-Public-Health-Issues de la investigadora francesa Clara Ducimetière, de la Universidad de Estraburgo y del Centro de Estudios Internacionales de Propiedad Intelectual (CEIPI) y que publicó recientemente la organización intergubernamental de países en desarrollo South Centre, que preside el argentino Carlos Correa.

“Este documento argumenta que una política de patentes sólida en línea con los objetivos de salud pública, en particular, y un mejor acceso a los medicamentos, no debería permitir la concesión de patentes de segundo uso médico”, afirma la autora, que en su investigación de 74 páginas aporta documentación histórica sobre el origen de esta práctica y de algunos juicios originados de su aplicación, por ejemplo, en Estados Unidos, Canadá, Francia y Ecuador, con diferentes desenlaces.

Ducimetière menciona entre los ejemplos positivos que la “Indian Patents Act es una de las pocas leyes de patentes que rechaza explícitamente el segundo uso médico” pues “no se consideran invenciones”.

“Pero, incluso sin entrar en los tratados de libre comercio (TLC), la industria farmacéutica ha presionado directamente a que los gobiernos extiendan patentes de segundo uso médico, obligando a los países a cambiar su legislación o simplemente otorgar patentes en violación de su ley de patentes”.

 Este fue el caso de la empresa estadounidense Pfizer cuando en 1994 obtuvo en Ecuador una patente titulada “Pirazolopirimidinonas (PPOs) para el tratamiento de la impotencia", contrapone la autora.

Ducimetière explica que Pfizer ya había obtenido una patente en el Reino Unido y la Oficina Europea de Patentes para la sustancia citrato de sildenafil para el tratamiento de enfermedades cardiovasculares.

“Era exactamente la misma sustancia que se estaba patentando en Ecuador, para el nuevo uso del tratamiento de la erección masculina. Esta patente violaba, por lo tanto, la Decisión 344 de la Comunidad Andina” de la que Ecuador era miembro, detalla el estudio y finalmente el gobierno de Quito debió anular la patente.

Carlos Correa, uno de los mayores expertos globales en propiedad intelectual, explica en el estudio que las patentes de segundo uso, si se otorgan, "pueden bloquear la comercialización de productos que de otro modo estarían en el dominio público”.

“Las patentes de uso médico se basan en sustancias que ya están comprendidas en el estado de la técnica. Por lo tanto, después de la expiración de la primera patente, la sustancia debería ser gratuita para que todos puedan explotarla. Las compañías de genéricos pueden fabricar el medicamento y venderlo a un precio mucho más bajo”, vislumbra el actual director ejecutivo de South Centre.

"La identificación de nuevos usos de productos conocidos puede ser más accesible que el desarrollo de productos completamente nuevos en países con limitaciones científicas y tecnológicas. Esta es, por lo tanto, una opción que los países en desarrollo pueden considerar”, propone Correa.

La investigadora francesa advierte que “hemos visto qué tanto en Europa como en los Estados Unidos, los segundos usos médicos son patentables. Muchos otros países desarrollados siguen esta tendencia. La justificación para tal patentamiento difiere de un país a otro, pero todos parecen tener el mismo objetivo: convencer a otros países para que permitan estas patentes de segundo uso para sus productos farmacéuticos para ingresar a nuevos mercados”.

 El Acuerdo sobre los ADPIC de la OMC “permanece en silencio sobre la cuestión de las patentes de segundo uso médico. Por lo tanto, los países deberían ser libres de permitirlos o no. Sin embargo, en la práctica, ‘libre’ es un eufemismo, ya que los países desarrollados empujan a los países en desarrollo a celebrar acuerdos de libre comercio (TLC) que a menudo incluyen capítulos de propiedad intelectual y disposiciones sobre patentes de segundo uso médico”, analiza correctamente la investigadora francesa, que para sostener sus afirmaciones estudió los sistemas de propiedad intelectual de Japón, Chile, México, Perú, Singapur, Vietnam, India, además de Estados Unidos, Canadá y la Comunidad Europea, con especial detenimiento en Francia, su país de origen.

Mariano Genovesi, experto en propiedad intelectual de la cámara de laboratorios nacionales CILFA, explica en el estudio que “según las directrices de examen de la Organización Mundial de Propiedad Intelectual (OMPI), el tratado PCT y la Oficina Europea de Patentes EPO, el concepto de ‘susceptible de aplicación industrial’ significa que “la invención debe tener: un carácter técnico, lo que significa que la invención debe pertenecer a artes aplicadas en contraste con bellas artes; debe ser "factible", lo que implica la posibilidad de duplicar la invención; debe ser útil, es decir, satisfacer algún tipo de necesidad social y producir algún resultado tangible (y no hipotético); y finalmente, debe ser creíble y no ser imposible de hacer”.

“Por lo tanto, como conclusión general, consideramos que los países en desarrollo deben evitar patentes de segundo uso médico. Creemos que varias alternativas son posibles para promover

innovación sin permitir estas patentes. También “nos gustaría señalar el hecho de que el sistema de patentes no es unánimemente aprobado. Algunos han argumentado que las patentes ni siquiera son necesarias para dar incentivos a la

innovación”, resume Clara Ducimetière.

El ejemplo que para la autora refracta sus recomendaciones es India que logró desarrollar una industria farmacéutica fuerte sin los incentivos del sistema de patentes.

“Por lo tanto, se debe plantear la siguiente pregunta: ¿son necesarias las patentes para promover nuevas soluciones en términos de innovaciones en el cuidado de la salud? El sistema de patentes no parece ser tan eficiente como debería ser o se supone que es, porque no da incentivos suficientes a las industrias farmacéuticas para desarrollar nuevos medicamentos para curar enfermedades olvidadas y medicamentos huérfanos, por ejemplo”, completa el estudio publicado por South Centre.

La versión completa: https://www.southcentre.int/wp-content/uploads/2019/12/RP101_Second-Medical-Use-Patents-Legal-Treatment-and-Public-Health-Issues_EN.pdf