REFORMA DEL SISTEMA DE SALUD: ENFERMERAS MAL PAGAS, MEDICAMENTOS CAROS, Y LA CLÍNICA DEL DOCTOR CURETA

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El sistema de salud de la pospandemia es el tema convocante en estos días para profesionales, sanitaristas, académicos, directores de obras sociales y economistas. La única certeza es que está en crisis y el horizonte es sombrío.

Pero si el futuro es inquietante, el pasado también impone reflexiones, cuando alguien menciona como imagen negativa del modelo a “La Clínica del doctor Cureta”, una historieta de los 80 que publicaba la revista Humor.

Evidentemente, algo ya andaba mal en el sistema de salud cuando nació aquella historieta de Meiji y Miguel Rep que tuvo su versión fílmica en 1987. Material de archivo o para memoriosos. Han pasado tres décadas y según parece las clínicas del doctor Cureta se han perfeccionado en cuanto a los negocios. O son otros los que tomaron la posta y hacen negocios mucho más lucrativos que aquella clínica de barrio.

El “curro” del doctor Cureta – un taimado comerciante pero incapaz de quebrar el sistema para los códigos actuales- pasa hoy por medicamentos de alto precio, el derroche de la ineficiencia, la intermediación, la insuficiencia de los aportes y las prestaciones judicializadas, que sí ponen en peligro la sustentabilidad del sistema.

Cureta, por cierto, era más inocente en aquellos tiempos previos a la reforma menemista del sistema de salud que impuso el Banco Mundial a partir de mediados de la década del 90.

Cureta reapareció como una metáfora durante el debate “Propuestas para la reforma del sistema de salud” convocado por el Foro para el Desarrollo de la Ciencias y el Consejo de Certificación de Profesionales Médicos de la Academia Nacional de Medicina.

Los expositores del foro fueron Luis Scervino, ex titular de la SSS y presidente del Instituto de Investigaciones Sanitarias de la Seguridad Social, Gabriel Lebersztein, director de OSECAC y vicepresidente del mencionado instituto, y Daniel Alvarado, presidente de Farmacéuticos sin Fronteras de Argentina.

Lebersztein fue muy explícito cuando aseguró que “desde hace un montón de años vengo escuchando propuestas de reformas del sistema de salud y desde entonces venimos fracasando con la reforma”.

“No hay reforma del sistema de salud sin pagar buenos sueldos, pero yo no tengo plata y eso me preocupa”, agregó, estimando que para duplicar los honorarios de los médicos y el salario de las enfermeras, las obras sociales deberían incrementar sus ingresos desde un piso del 22 por ciento.

El Estado “debe pagar una cápita a los hospitales públicos para que puedan competir con los privados”, propuso el director de OSECAC y advirtió que “las clínicas del Doctor Cureta existen por la dificultad de acceder al hospital público”.

Luis Scervino anticipó que cualquier reforma requerirá “de medidas con mucho consenso” explorando caminos alternativos para “que no sea de un grupo de iluminados de la Capital Federal”, ya que “las provincias también deben trabajar sus propias realidades”.

Scervino, con experiencia de gestión en la SSS y como director de obras sociales expuso una disidencia explícita con una de las ideas dominantes sobre la reforma futura: “no creo en la caja única para el sistema de salud”.

La fragmentación del sistema de salud recibe muchas críticas pero sin fragmentación hoy el sistema estaría destruido como está destruido el sistema de jubilación que tiene una caja única”, afirmó.

Por las dudas, aclaró que “Argentina no es Inglaterra o Canadá, con sus trayectorias en sistemas de salud, nosotros estamos muy lejos y no hay que ira los hospitales a echar a médicos y enfermeras, sino para armarles una reforma chiquita, silenciosamente y con capacitación de los especialistas”, propuso.

“¿Cuánto cuesta distribuir un medicamento en Argentina y en Chile?”, preguntó Lebersztein, director de la obra social de los empleados de comercio, la más grande del país.

La disparidad con Chile tiene explicaciones: “cada vez hay más monopolios de medicamentos y de servicios y no puede ser que los monopolios impongan los precios”, denunció.

También mencionó como ejemplo que existen disparidades del 300 por ciento en el mismo medicamento de alto precio, cuando los compradores son las obras sociales. O sea, a la lógica del libre mercado se le agrega la cara del cliente.

“Quisiéramos sabe el costo de investigación y desarrollo de esos medicamentos que no tienen nada que ver con el precio final”, reclamó Daniel Alvarado, quien además pidió una política de uso racional del medicamento, porque “se gasta mucho por el mal uso del medicamento”.

Los medicamentos de alto precio “ponen en riesgo la sustentabilidad del sistema”, pero en ese punto de gravedad “se requieren de decisiones políticas para avanzar en el alto precio de esos medicamentos”, reclamó Alvarado.

Scervino mencionó el Observatorio de Precios y las primeras compras conjuntas que instrumentó desde la SSS con las que “bajamos los precios sensiblemente”.

El ex titular de la SSS aclaró, por las dudas, que el éxito del sistema de compra conjuntas, requiere “también de la transparencia de los funcionarios”.

Lebersztein, uno de los representantes por la CGT en la Comisión Nacional de Evaluación de Tecnologías de Salud (Conetec), el director de OSECAC anticipó que a futuro “hay que fijar en Argentina a que precios se compran los medicamentos de alto precio”.

“No hay sistema que pueda asumir el costo de estas moléculas nuevas de alto precio que deben ser negociadas y financiadas por el Estado para asegurar el mismo acceso a todos los pacientes del país”, coincidieron Scervino y Alvarado.

Lebersztein agregó entre las coincidencias que “en los medicamentos de alto precio, el precio lo tiene que negociar el Estado” y reclamó “menos intermediación, porque con mas gastos en intermediación y en estructuras, se gasta menos en salud”. 

Los panelistas destacaron que Sonia Tarragona, subsecretaria de Medicamentos e Información Estratégica del Ministerio de Salud, junto “a un grupo de expertos”, ya han conseguido bajar algunos de los exorbitantes precios que intentan imponer las multinacionales por sus medicamentos innovadores protegidos con patentes monopólicas.

Alvarado admitió que “el sistema público es ineficiente, pero también el privado puede serlo, la diferencia es que tiene la competencia que lo hace mejorar en la gestión”.

Todos los sectores son ineficientes y esos bolsones de ineficiencia atentan contra el financiamiento de todo el sector salud”, coincidió Scervino.

Para Lebersztein, “la productividad del sector público es un tercio del privado” y aventuró que trabajando con una eficacia superadora “podría atender a todo el PAMI”.

Lebersztein se preguntó “¿cómo se hace una reforma cuando no todos están de acuerdo?” y alertó que los consensos son difíciles porque “toda reforma es una puja de intereses”.

“El PMO debería ser una canasta mínima de resultados en vez de una canasta básica de prestaciones” propuso, y brindó como ejemplos que “más placas no hacen menos cáncer de pulmón y más análisis no hacen menos diabéticos”.

“No podemos permitir tanta diferencia de atención según el código postal y el nivel de ingresos de pacientes”, rechazó con énfasis e introdujo un tema para el debate entre los participantes: “los médicos de pobres cobran poco y los médicos para la clase media cobra cinco veces más”.

Lebersztein completó que para hablar de reformas en el sistema salud, previamente hay que establecer un piso de 80 mil pesos de salario para una enfermera y de 400 mil para un jefe médico.

También trazó una inquietante comparación con el reciente funeral de Diego Maradona sobre las reformas que pueden salir mal pese a las intenciones. Si se duplican las metáforas con la clínica del Doctor Cureta, quedaron más interrogantes que certezas sobre el sistema de salud de los años futuros.