LA SALUD NO TIENE PRECIO, PERO TIENE COSTOS QUE SON CADA VEZ MÁS EXORBITANTES, EL ENIGMA DE QUÉ HACER CON LOS MEDICAMENTOS DE ALTO PRECIO

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Es cierto que la salud no tiene precio cuando ese precio es una vida, pero “tiene costos y el costo es excesivo con las nuevas terapias ultrainnovadoras, que ponen en peligro el sistema de salud en su conjunto y no solo de una obra social”.

Los medicamentos de alto precio que se han convertido en el azote de los sistemas de salud, sin distinción entre los países desarrollados y los pobres, fue abordado en sendos debates organizados por la Fundación Femeba y el Foro para el desarrollo de las Ciencias, junto con el Consejo de Certificación de Profesionales Médicos.

Algunas de las conclusiones que casi se superpusieron desde cada video conferencia: “Hay que pasar a regular los precios de los medicamentos de alto costo, porque los precios de mercado nos van a consumir” y “tiene que existir un tope de cobertura porque no se puede financiar todo para todos”.

“Enfrentado el impacto de la innovación en salud-los Caminos posibles”, fue la convocatoria del Foro y el Consejo. “Bioética: Medicamentos y Alto Costo en Salud”, fue el tema del debate de la Fundación Femeba, que compartieron un panelista, Sergio del Prete, pero básicamente las conclusiones.

Del Prete, profesor en Análisis de Mercados de Salud de la Universidad Isalud y profesor de Economía de la Salud de la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES), hizo una temprana aclaración: “Los medicamentos son de alto precio y el paciente es de alto costo”.

El expositor advirtió que el PMO “tiene todas las prácticas, pero no hay un protocolo y cada profesional decide lo que considera adecuado a partir de su experiencia”.

Por ejemplo, Zolgensma, el medicamento más caro del mundo con dos millones de dólares el tratamiento, “se incorporó sin ningún protocolo, porque fue aprobado con mucha rapidez”.

En consecuencia, “la evidencia sobre este medicamento es reciente y no tenemos suficiente efectividad contrastada”, cuestionó.

Del Prete advirtió que a través de los medios de comunicación y las redes que replican las demandas de los familiares de los pacientes “la gente se informe de los reclamos por estos tratamientos, pero no del alto costo de estos tratamientos”.

“La eficacia de un ensayo clínico se traslada al mundo real y hay algo de fetichismo en todo eso”, lamentó pidiendo no caer “ni en el exitismo ni en la negación, sino donde posicionarse”.

“Tenemos que tener un exitismo crítico y con un criterio muy firme sobre lo que vamos a aceptar como nuevas terapias”, reclamó.

Los medicamentos de alto precio en Argentina “son los más caros de Latinoamérica e incluso de muchos países del mundo, porque no hay regulación de medicamentos de alto costo como en Colombia”, mencionó como ejemplo.

“Muy pocos investigadores pueden escribir sobre medicamentos de alto precio porque tienen conflictos de intereses” y a su vez “la Industria desconfía de las investigaciones independiente y por eso genera sus propias revisiones”.

También remarcó que “alguien alienta la judicialización porque el paciente no sabe que puede haber otra molécula de igual efectividad, pero de menor costo”.

Mientras tanto, “el 72 por ciento obras sociales están en insolvencia financiera, en peligro de quiebra, y con prestadores al borde del colapso”.

Los biosimilares por lo menos en Argentina tampoco han sido una solución porque solo ofrecen una rebaja promedio del 20 por ciento con relación a los originales, comparó.

“Todos los países que quieren regular el mercado sanitario tienen agencias de evaluación independiente y autárquica”, subrayó Del Prete.

Hugo Magonza, director General del CEMIC, Profesor Titular de "Taller de Empresas de Medicina Privada” en la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES), y secretario de la Comisión Directiva de la Asociación Civil de Actividades Médicas Integradas (ACAMI), calculó que “el gasto por paciente de alto costo representa el 30 por ciento del gasto en salud para solo el dos por ciento de la población”.

“Esto no es una foto, sino una película con una curva creciente”, advirtió, mencionando que el gasto en medicamentos de alto precio era del 8 por ciento en 2017 y para 2021 ya había escalado al 18 por ciento.

Entre enero 2012 y febrero 2021, el salario de una enfermera aumentó veinte veces, el costo salarial 24 veces, el costo de la canasta prestacional de la seguridad social 35 veces y los medicamentos de alto precio el 40 por ciento, comparó Magonza.

“Todo medicamento innovador es monopólico porque no hay otro oferente” y la industria farmacéutica “es la única industria que hace pagar el control de calidad al cliente y pagamos la innovación cuando se incorporan medicamentos por medidas cautelares que en su mayoría aún están en etapa experimental y no están terminados porque no se cumplió el trabajo serio de investigación”, denunció el director General del CEMIC.

Entonces, se preguntó: “¿Porque debe pagar la sociedad un medicamento que no completo su fase de investigación?”.

“Estamos viendo el final de un buen sistema que tuvo la argentina en materia de salud”, vislumbro lúgubre el director del CEMIC y a continuación afirmó que “no hay política de Estado para medicamentos de alto costo y si no estamos en la agenda de la gente no estamos en la agenda de la política y si no estamos en la agenda de la política no habrá soluciones”.

“Los jueces no pueden dictar políticas sanitarias porque cuando tienen enfrente a un paciente que sufre van en contra de quien sea, incluso de un hospital público”, pero “un diputado tampoco es el adecuado para dictar leyes sobre coberturas porque suelen actuar sin conocimiento de sus efectos”.

Marcelo Melo, director General en Hospital de Clínicas ¨José de San Martín¨, coincidió que “los políticos no pueden resolver este tipo de problemas y es difícil crear una agencia evaluadora porque es difícil encontrar investigadores que no tengan relaciones con la industria farmacéutica” .

“Hay que poner en agenda este problema que es muy crudo para el sistema de salud”, propuso Melo y comentó una investigación con antibióticos en su hospital, que fue financiada por la industria y consideró que lo más grave resultó que el médico a cargo de esa investigación, no aceptó ni entendía que había un conflicto de intereses.

Daniel Alvarado, presidente de Farmacéuticos sin Fronteras, alertó que “los medicamentos para enfermedades pocos frecuente van a sumar al grave problema que significa el aumento de costos, y para quienes lo tienen que financiar”.

“Desde el punto de vista de la farmacia, nosotros al dispensar un medicamento de 100 mil dólares o 100 mil pesos, estamos cobrando 600 pesos”, precisó Alvarado.

“Está muy claro que la farmacia no encarece, a los médicos le pasa lo mismo, un profesional de PAMI le dan 100 pesos por pacientes, esto lleva a un replanteo, debemos ir ajustando para llegar a un sistema equitativo de salud”, pidió Alvarado.

El presidente de Farmacéuticos sin Fronteras, subrayó que “no por nada la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha propuesto plataformas de protocolos de investigación en cuanto a precios, la definición del uso racional de medicamentos y agregó la palabra precios, que antes eras muy difícil de aceptar”.

Video conferencia Fundación Femeba: