LA EPIDEMIA DE LA EPIDEMIA: LOS MEDIOS PRESIONAN POR RESULTADOS Y GENERAN FALSAS EXPECTATIVAS

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Los medios de comunicación amplifican los resultados preliminares sobre los ensayos clínicos de vacunas y medicamentos COVID 19 y suman presión sobre los médicos, los funcionarios de salud y la sociedad en general, cuando aún no hay evidencias de ningún resultado afirmativo, sostienen los expertos en farmacología y epidemiología, Martin Cañas y Martín Urtasun.

No solo Donald Trump anuncia vacunas que no existen o presiona para que la FDA aprueba medicamentos “milagrosos” contra el COVID 19. La carrera por conseguir la vacuna que devuelva la normalidad planetaria a las vidas cotidianas se emparenta con noticias falsas y básicamente con la pirotecnia verbal.

“Sería deseable que los medios de difusión asuman la responsabilidad de contribuir a difundir información cierta y apropiadamente evaluada. La promoción de supuestas ‘curas mágicas’, a menudo sostenidas por fuentes profesionales o por líderes de opinión, sólo logra hacer más difícil el trabajo del equipo asistencial y multiplicar la ansiedad de pacientes y familiares”, afirman Cañas y Urtasun.

La pandemia de COVID-19 “está generando información epidemiológica y clínica en una escala sin precedentes para una enfermedad de reciente aparición. Aunque ya se han iniciado numerosos ensayos clínicos de fármacos antiguos y nuevos como potenciales antivirales específicos, la mayor parte de la información publicada hasta ahora carece de los controles básicos para la evaluación de la eficacia de un medicamento”, advierten.

Los medios de comunicación “amplifican estos resultados preliminares y suman presión a los médicos asistenciales y a los decisores de políticas públicas”, escribieron los especialistas en artículos publicados por las revistas Evidencia on Line y Mestiza.

Al abordar los tratamientos antivirales en estudio con hidroxicloroquina, lopinavir/ritonavir, remdesvir e interferones alfa y beta, “se comprueba en todos ellos que no hay demostración suficiente de eficacia como para recomendar su uso fuera de una investigación experimental adecuadamente controlada”.

A partir de las experiencias de los primeros países afectados se definieron muchos aspectos epidemiológicos y clínicos de la enfermedad y “en la búsqueda de tratamiento específico para el Sars-CoV2 se recurrió a los datos de investigación básica y a los escasos precedentes de estudios clínicos con otros coronavirus. Así se han propuesto más de diez potenciales tratamientos y se han iniciado ensayos clínicos para evaluarlos. También se publican experiencias terapéuticas de series de casos sin grupo control, con todas las limitaciones conocidas de este tipo de estudios”, afirmaron en sendos artículos.

Mientras se aguardan los resultados de los ensayos clínicos “¿debemos ofrecer tratamientos sin pruebas suficientes de su relación beneficio-riesgo, en base a datos preliminares? ¿O esperar a la publicación de las pruebas? ¿O administrarlos sólo en el contexto de una investigación apropiadamente diseñada? Los profesionales asistenciales y las autoridades de salud pública están demandando al mundo académico respuestas urgentes a estas preguntas”, reflexionaron los autores.

Existe mucha presión para usar fármacos candidatos como un "último recurso", bajo el supuesto de que los beneficios superarán a los daños. Cuando el uso es individual, no hay forma de saber si los pacientes se beneficiaron o se vieron perjudicados. Sin embargo, en el contexto de incertidumbre, su uso se ve impulsado pues se tiende a creer que, si el paciente fallece, es a causa de la infección, pero si se cura es debido al fármaco. Así, sin un grupo control, no es posible determinar ninguna de las dos cosas”, explicaron.

“Esto no solo implica un riesgo para los pacientes, sino que también estimula el uso indiscriminado, el desabastecimiento para su uso en las indicaciones aprobadas y, lo que resulta más preocupante, compromete la participación en estudios controlados que contribuyan a profundizar el conocimiento de la eficacia de las intervenciones propuestas”, alertaron.

“Aunque es muy difícil realizar ensayos controlados aleatorizados en el contexto de un brote, cualquier uso experimental de fármacos debería realizarse en un marco de investigación, con un protocolo definido, y una rigurosa recopilación e interpretación de los datos”, subrayaron.

También recordaron que el mega ensayo Solidarity patrocinado por la OMS comparará cuatro opciones de tratamiento (remdesivir; LPV/r; LPV/r con interferón beta-1a; y cloroquina o HCQ) con el estándar de atención, para evaluar su efectividad relativa contra COVID-19 considerando la necesidad de gran velocidad y escala en el ensayo (al 27 de marzo, más de 70 países habían confirmado su participación).

Así se prevé que este estudio reducirá el tiempo necesario para evaluar los desenlaces de intereses el 80% comparado con los ensayos clínicos controlados tradicionales. “Esto superará el riesgo de que múltiples ensayos pequeños no generen la evidencia sólida necesaria para determinar la efectividad relativa de los posibles tratamientos”.

La International Society of Drug Bulletins “nos recuerda que “a pesar de las buenas intenciones y la esperanza en conseguir un acceso rápido a medicamentos y vacunas contra el dañino virus COVID-19, debemos garantizar que los principios rectores de la medicina in dubio abstine (en caso de duda, abstenerse de tratar) y primum non nocere (lo primero, no hacer daño) no sean olvidados” (traducción de los autores).

“Pacientes, familiares, profesionales, autoridades políticas y medios de comunicación comparten, en el marco de una extraordinaria presión social, la misma incerteza que acompaña desde su nacimiento el avance de la ciencia moderna. Sus respuestas requieren que se apliquen los métodos adecuados, con toda la celeridad e inteligencia posibles. Una actitud esperanzada y a la vez prudente permitirá generar a la brevedad posible el conocimiento necesario para controlar la pandemia”, concluyeron.

Acerca del autor Martín Cañás

Médico. Magíster en Farmacoepidemiología, UAB. Profesor Asociado Farmacología, Licenciatura Kinesiología y Fisiatría, Instituto de Ciencias de la Salud, Universidad Nacional “Arturo Jauretche”. Área de Farmacología, Federación Médica de la Provincia de Buenos Aires (FEMEBA), Buenos Aires, Argentina.

Acerca del autor Martín Urtasun

Médico Clínico. Magíster en Epidemiología, Gestión y Políticas de Salud, UNLa. Profesor Adjunto, carrera de Medicina, Instituto de Ciencias de la Salud, Universidad Nacional “Arturo Jauretche”. Área de Farmacología, Federación Médica de la Provincia de Buenos Aires (FEMEBA), Buenos Aires, Argentina.

Notas completas:

La evidencia en tiempos de coronavirus (COVID-19). Evid Actual Pract Ambul. 2020;23(1):e002057.

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